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» PUBLICACIONES ESTUDIANTILESLa tribuna está de fiesta. El carnaval como herramienta política.
Por Agustina Alvarez14 de diciembre de 2023
Nos propusimos esta reflexión con el objetivo de pensar a la filosofía y las ciencias sociales, hoy por hoy cuestionadas por sus costos o utilidad, en clave de herramientas para discutir acerca de cómo queremos pensar y construir nuestro país, a la luz de nuestras vivencias cotidianas.
El fenómeno que nos interesa poner en cuestión es aquel que entendemos como el avance de discursos y prácticas individualistas que, si bien comprendemos lleva largos siglos de desarrollo, en nuestra actualidad específica cobra especial importancia.
Podríamos rastrear el inicio de este proceso tan atrás como hasta el ocaso de la denominada Grecia clásica. Entendemos que el paso de la polis ateniense como núcleo de la vida en comunidad, con la actividad política como centro, hacia el período imperial de la época helenística, marca el primer momento de quiebre en la lógica comunitaria y fuertemente politizada. Ejemplo paradigmático de esta primera cosmovisión es el Discurso Fúnebre de Pericles, en el cual se plasma con enorme elocuencia la gran estima de los atenienses hacia el bien común, así como por la grandeza de su Patria. En el mismo, Pericles enaltece a quienes están dando sepultura luego de haber dado la vida en defensa de su ciudad. Para el orador, no existe mayor honor que el de elegir correr el máximo riesgo en defensa de la gloria de su comunidad por sobre los disfrutes y beneficios individuales. Y, para legitimar tal afirmación, realiza una notable descripción de la forma de gobierno de su ciudad, cuya dignidad y perfección hace más que deseable defenderla aún dejando la vida en ello.
En contraste se sucede, con el inicio del período helenístico, el reemplazo de estas máximas por otras, que dan primacía a lo individual. La expansión imperial que se dio en esta etapa, configuró la filosofía de la época a través de nuevos baluartes, marcados por nuevas realidades, como, por caso, la ampliación de las fronteras de las comunidades, de unas estrechas y bien definidas, hacia otras inconmensurables, que ya no alcanzaban solo el límite entre ciudades, sino las lejanías de tierras antes desconocidas.
Si bien este proceso nunca se vio revertido, han tenido lugar momentos históricos de menor y mayor atomización social, así como de reivindicación de lo colectivo.
La tesis que sostenemos, afirma que en la actualidad que nos toca atravesar, marcada por una fuerte presencia de lógicas que profundizan la individualización, es absolutamente necesario, recuperar los lazos de solidaridad que, consideramos, son indispensables para el funcionamiento de la vida en sociedad.
En este sentido, vamos a pensar a través de una institución que consideramos paradigmática de las lógicas de comunidad las cuales, a su vez, consideramos se retroalimentan con la participación política activa. A saber, los clubes de fútbol. Claro ejemplo de esto ha sido el lugar activo que el Club Atlético Belgrano ocupó durante procesos como la Reforma Universitaria o el Cordobazo. Entendemos que alrededor de los mismos se desarrolla una dinámica en cuya participación, ciudadanos, vecinos e hinchas, en otras palabras, el pueblo, ingresa con un objetivo que va más allá del beneficio personal, en busca de algo más, algo ulterior, cuya esencia trataremos de rastrar en algunos preceptos atenienses sobre la vida en comunidad, así como otros que rescataremos de las sombras de la Edad Media.
Respecto a esta última, nos interesa tomar la figura del carnaval. El Club Atlético Belgrano, cuyo caso tomaremos como modelo, hace particular uso simbólico de este concepto, del cual nos ayudaremos para apoyar nuestra tesis.
De acuerdo con el historiador Mijaíl Bajtín, la risa popular y sus formas, constituyen un campo fundamental de la vida popular en la Edad Media. Rescata particularmente la cultura específica de la plaza pública y también el humor popular de gran riqueza en sus manifestaciones. De éstas resalta algunas, como los rituales del espectáculo (el carnaval), junto con diversas formas de vocabulario, familiar y grosero, como insultos, juramentos y lemas populares.
El carnaval en sí mismo ocupaba un lugar fundamental en la vida del hombre medieval. Éste ofrecía una visión del mundo alternativa, en las fronteras entre la vida y el arte: la vida misma, presentada con los elementos característicos del juego. En palabras del historiador, “los espectadores no asisten al carnaval, sino que lo viven, ya que el carnaval está hecho para todo el pueblo”. Y solo pueden vivirlo acorde a sus leyes, de libertad, universalidad, igualdad y abundancia. Así, a diferencia de las fiestas oficiales, cuya finalidad era la de sancionar y fortificar el régimen vigente, la del carnaval, era la opuesta: consagrar una forma de contacto libre de las barreras de la desigualdad, en la que cada individuo podía establecer relaciones verdaderamente humanas con sus semejantes; experimentando una liberación de la alienación, provisional, pero real y concreta.
Es relevante la dimensión espacial en la que esta convocatoria tenía lugar: las plazas públicas, ya que el carnaval es patrimonio del pueblo: todos ríen, la risa es popular. Allí, “se elaboraban formas especiales del lenguaje y de los ademanes, francas y sin constricciones, que abolían toda distancia entre los individuos en comunicación, liberados de las normas corrientes de la etiqueta y las reglas de conducta”. Se establece así, una lógica contradictoria, de las cosas al revés. A través de la cual se expresa una opinión sobre un mundo en plena evolución en el que están incluidos los que ríen.
A este respecto, señala Bajtín que las fiestas, a lo largo de la historia, se han relacionado con períodos de crisis, los cuales permiten la gestación de estas manifestaciones. Podríamos decir que ante lo nuevo, ante el cambio en el horizonte del sentido, ante la caída de viejas estructuras, el hombre se esfuerza por crear herramientas para experimentar e interpretar el mundo. Podríamos trazar una línea a lo largo de la cual, en distintos períodos históricos, ante situaciones en las cuales la sociedad necesita dotar de sentido sus vivencias, recurre a expresiones públicas y estéticas en busca de este objetivo.
Ahora bien, para los fines de nuestra reflexión, volveremos a situarnos en nuestra propia temporalidad. Como antes dijimos, nuestro objetivo es el de revalorizar las lógicas comunitarias sobre las que se apoya una sociedad sana. Creemos que hoy atendemos a una crisis de sentido, como tantas otras veces se ha dado en el transcurso de la historia, donde valores que una vez tuvieron algún significado, hoy no son más que exclamaciones que ya no resuenan en nuestros oídos.
Actualmente, tal como señala la autora Wendy Moore, fenómenos como las redes sociales o las fake news, generan una disolución entre lo verdadero y lo falso, asociada con un síntoma del particular nihilismo de nuestra época, en la que nos cuesta adherir a ideales trascendentes y apegarnos fielmente a ellos. Principios como la fraternidad y la solidaridad ya no parecen tener un valor intrínseco y perdurable, y quedan frágilmente permeables a los discursos individualistas que responden a una lógica de mercado que todo lo absorbe y vuelve trivial. Ante la mercantilización calculadora de los vínculos y de las actividades, aquellos que no ofrecen beneficios para los implicados parecen ser fácilmente descartados. Y así, los cimientos sobre los que se apoya nuestra sociedad tambalean y, con ellos, toda la estructura.
Nuestra propuesta por supuesto que no pretende resolver esta complicada situación en la cual nos encontramos. Lo que sí intenta, es encontrar y recuperar algunas herramientas que nos sirvan de resistencia a este avance. Y creemos que la historia, en su marcha apresurada, se olvidó de llevarse con ella un elemento que sobrevivió hasta nuestros días y que hoy atesoramos, porque vemos en él la potencialidad revolucionaria que tuvo desde sus comienzos.
El carnaval, con todas sus expresiones, sigue siendo hoy una trinchera valiosa que permite el desarrollo de lazos comunitarios que escapan a lógicas mercantiles.
Así es como en una canción entonada en el lugar público de encuentro masivo, ya no la plaza, sino la cancha de Belgrano, su hinchada asegura que en Alberdi todo el año es carnaval, porque éste es el barrio más popular. El carnaval, podemos ver, sobrevive intacto y sigue recreando la lógica según la cual en su interior, personas de todos las extracciones sociales y ocupaciones viven exactamente lo mismo, en el mismo momento y lugar, a través de su lenguaje particular y, fundamentalmente, de la risa. “La tribuna está de fiesta: Belgrano es campeón y explota la alegría en el barrio más popular. Año 1947”, reza el epígrafe que acompaña la foto de una multitud de sonrisas que corren desbocadas a celebrar el triunfo compartido.
Así también, las tristezas también se comparten, solemnemente. Así como Pericles en el siglo IV aC., exclamaba ante una multitud la gran honra con la que los ciudadanos de Atenas habían muerto en combate defendiéndola, ya que su grandeza era digna de morir por ella, el hincha se enorgullece al cantar que muchas veces fue preso y muchas veces lloró por su club, por amor. Que incluso en la adversidad, se mantuvo firme defendiendo sus colores. Y que si tiene que morir, que mejor que hacerlo ahí mismo. Así como en la Grecia clásica los guerreros que combatían, lo hacían porque obtenían algo a cambio, este beneficio no era personal, sino colectivo.
De la misma forma, el escritor Manuel Soriano analiza la lógica del aguante representado en las canciones de cancha: estas siguen la estructura clásica de las canciones de amor, que parecen generosas y altruistas, pero reclaman algo a cambio: amor recíproco. La lógica del hincha es parecida, dice Soriano, “si yo me enfrento a la policía, ustedes, jugadores, corran un poquito”. Pero de nuevo, la retribución esperada no es individual, es el anhelo de un logro colectivo, una victoria que pueda compartir con el desconocido que tengo al lado que, en el carnaval, es un igual a mí que, si se cae en medio de un enfrentamiento entre hinchadas, me voy aquedar a ayudarlo porque tiene mis mismos colores.
Las implicancias de esto son, por supuesto, también políticas. En una dinámica regida por la lógica de la igualdad, el suelo es más fértil para el crecimiento de un pensamiento colectivo y solidario. Tal como dijimos al principio, estos ideales acompañaron a Belgrano desde su fundación por los mismos chicos que luego impulsaran la Reforma del 18, y a través de eventos como el Cordobazo, la lucha por los derechos humanos, y un sinfín de causas sociales y políticas cuyas banderas defendió con la misma vehemencia que las futbolísticas.
Aún hoy, en un contexto en el cual el concepto de lo político pareciera ser una mala palabra para una gran masa de jóvenes desencantados de ella, el club evita mantenerse al margen de los acontecimientos políticos de nuestro país y rinde homenaje a la memoria de Sonia Torres, abuela de Plaza de Mayo, referente en materia de derechos humanos en nuestra provincia e hincha de Belgrano. En un aplauso se funden todos los asistentes a esa nueva función del carnaval de Alberdi e, inevitablemente, viven todos la misma celebración.