Por Paola Siciliano

8 de noviembre de 2023


Los prejuicios están en nuestro día a día, vivimos con ellos y somos parte de ellos. La sociología trabaja con los prejuicios, los considera en sus estudios y los vuelve un foco de problematización ya que moldean nuestros modos de actuar y nos permiten vivir en sociedad. Pero ¿qué sucede cuando el prejuicio irrumpe en el ámbito político y afecta a la forma de actuar en él? Concibiendo al prejuicio alrededor de los conceptos política y acción, es imprescindible considerar a la autora Hanna Arendt (2018) quien afirma que los prejuicios sobre la política acabarían con la misma política. Es alrededor de ésta noción que el presente ensayo se desarrollará haciendo un recorrido por dos de las obras más importantes de la tragedia del renacimiento inglés que nos aportan instrumentos para pensar la cultura, la política y la vida social: Julio Cesar (1983) y Hamlet (2007) de Shakespeare.

Antes de ingresar al desarrollo del ensayo, es necesario indagar en el juicio, entendiendo que el pensamiento político se funda, según Arendt, en la facultad de juzgar. En términos generales, el juicio es “la capacidad de subsumir bajo reglas, esto es, de diferenciar si algo cae bajo una regla o no” (cita de Kant en Uta, 2009:315). La acción política requiere de ésta capacidad pero su peligro radica en su transformación en prejuicio. Éste último, “constituye un componente integral de los asuntos humanos entre los que nos movemos todos los días” (Arendt, 2018:13) sin embargo, en él se encierra un conflicto inmanente que consideramos: el conflicto entre los tiempos. El prejuicio irrumpe en el tiempo presente, permitiéndonos generar un juicio de manera anticipada; en este sentido es necesario la construcción en el tiempo pasado de esa regla que permite generar una decisión sin mucho esfuerzo ni indagación constante ante los hechos de la vida social. Los prejuicios siempre ocultan algo del pasado, son producto de un juicio que en su día tuvo un fundamento legítimo en la experiencia. La autora aquí trabajada (2018) señala un peligro en torno a aquello que nos facilita el diario vivir: "el peligro del prejuicio reside precisamente en que siempre está anclado en el pasado y por eso se avanza al juicio y lo impide, imposibilitando con ello tener una verdadera experiencia en el presente" (p. 15). Ésta afirmación me será útil para iniciar el análisis aquí propuesto.

En la obra Hamlet (2007) la incertidumbre del tiempo presente, donde esas reglas construidas previamente para facilitar el actuar se ven desacopladas en relación con tal tiempo, causa la gran indecisión del personaje principal, Hamlet hijo. La aparición de un nuevo orden moral, el civil-burgués, genera nuevas formas de juicio y nuevas reglas que permitan llevarlo a cabo. Nuevamente, el conflicto entre los tiempos se hace evidente. Ya no es el prejuicio en sí el que encierra tal conflicto sino los prejuicios propios de mandatos y órdenes morales disímiles pertenecientes a la Edad Media -órden caballeresco- y a la Modernidad -órden civil burgués- y la asimilación de los mismos por el propio individuo. Tal es así que la indecisión, propia de la constante reflexión del protagonista en torno a cómo actuar, muestra cómo la modernidad generó que sus reglas sean internalizadas y no “impuestas” desde el exterior, como generadoras de obligación propio del anterior período, en éste caso, figurado en el espectro de Claudio, el padre. Es así que la reflexión y la obligación parten de los modos que tienen los órdenes y sus consecuentes reglas para intervenir en el individuo o sujeto y lograr que éste actúe en base a los prejuicios que dichas reglas generan. “La imposibilidad de una verdadera experiencia” basado en la puja de los prejuicios que, “no podemos ignorarlos porque forman parte de nosotros mismos y no podemos acallarlos porque apelan a realidades innegables y reflejan fielmente la situación efectiva en la actualidad y sus aspectos políticos” (Arendt, 2018:9) resultan en la imposibilidad para Hamlet de determinar un juicio y por lo tanto una acción. Las dudas entre generar una acción en nombre de la muerte de su padre, desde la figura del vengador privado, o desde la justicia pública, lo inducen a afirmar que “el tiempo está fuera de quicio” (Shakespeare, 2007:37). Esta indecisión convierte a Hamlet en no apto para ocupar el lugar de rey, a diferencia de otro personaje cautivador y determinado, Fortimbrás.

Tras la aparición del espectro y la afirmación de que “augura una extraña conmoción en nuestro reino” (Shakespeare, 2007:6) introduzco al filósofo moderno Hegel (2004). Desde su perspectiva podemos afirmar que es a través del Estado ético como individualidad, como “finalidad absoluta de la razón” (p. 307) donde tal contradicción entre órdenes morales, perteneciente a las transformaciones vividas en la sociedad civil, pueden llegar a ser superadas. La figura del Estado permitiría definir y universalizar las reglas en las que debe regirse un ciudadano ya que, “el individuo mismo sólo tiene objetividad, verdad y eticidad en cuanto él es un miembro del Estado” (p. 303). La existencia de múltiples sentidos, reglas y juicios en disputa, resulta para Hegel insostenible. Así, la superación radicaría en la definición del Estado como legítimo para llevar a cabo los actos de violencia, quitándoles a las personas el derecho a las represalias privadas y dando inicio al derecho penal. Por tal motivo quedaría concluso el pasaje de la Edad Media a la Modernidad como un progreso en términos del autor.

En la relación juicio y acciónradica la importancia de considerar a los prejuicios como problemas para el ejercicio político ya que la "función del prejuicio es preservar a quien juzga de exponerse abiertamente a lo real" (Arendt, 2018:16). Por tal motivo la acción política se vuelve fundamental para develar los prejuicios existentes en quien realiza un juicio "sin el menor reparo ni revisión a través de los tiempos" (Arendt, 2018:14) generando conflicto en la convivencia entre los hombres y dificultando la aprehensión del plano sensible, de las condiciones objetivas para actuar en él y sobre él.

Lo dicho anteriormente me da el inicio para ingresar a la segunda parte del ensayo por medio del análisis de la obra Julio Cesar (1983) y la reflexión en torno a los prejuicios en la política. En la República romana fundada luego de la expulsión a Tarquinio, la mixtura de los poderes estaba presente, estableciendo un cónsul, con alternancia, un senado y un comisio. La amenaza a éste régimen político comenzó a ir en aumento y es Julio Cesar quien por medio del ascenso político, en el año 59 a.C asume el consulado. Concebido como ambicioso, de riqueza y poder, estaba el temor de que se restaurara la monarquía. El estudio del pasado permite subsumir los hechos bajo reglas y conceptualizaciones, permitiendo trazar líneas consecuentes a tal tiempo, y encontrar rasgos semejantes en el presente. Dicha conexión les habría permitido a los conspiradores realizar un juicio con su consecuente acción porque "el fundamento de la prudencia política, a la que refiere todo nuestro discurso, está en ver los rumbos y cambios de las repúblicas, de modo que, al saber hacia dónde se inclina cada una, podáis contenerla o poner antes remedio" (Cicerón, Libro II, v.25,45). La posibilidad de conocer el futuro y “adelantarse” a él abre la pregunta por la legitimidad del asesinato de Cesar. Los responsables que llevaron a cabo el acto en nombre de la república, ¿habían logrado llevar a cabo un juicio justo antes del accionar que acabaría con la muerte del dictador perpetuo?

El intento de convencimiento de Casio a Bruto de actuar contra César como una causa justa, y las posteriores “razones públicas” de Bruto, nos hace pensar en la dificultad encontrada para realizar un juicio. Éste se basaba en una probabilidad, donde el temor entre nobles miembros de la elite política radicaba en la potencial aparición de la tiranía, siendo ésta la peor forma de gobierno para la teoría aristotélica. Obraron por una idea previa, por una regla, por pautas aprehendidas del pasado sin ser comprobadas efectivamente en el presente. El juicio no podía basarse en el tiempo pasado ya que César no había tenido actitudes tiránicas como aparece en el discurso de Antonio, dónde se plasma que su gobierno había sido para el bien común, ni mucho menos podía basarse en el futuro por ser éste indeterminado. Es por ello que el grupo de conspiradores no actuó en base a un juicio justo; los prejuicios irrumpieron la escena política “los diferentes significados del prejuicio deben ser diferenciados con el fin de encontrar el modo en que influyen en el proceso del juzgar y en la propia capacidad de juzgar” (Uta, 2009:313). Al no ser diferenciados y precipitar un juicio, el intento por salvar la república consiguió conquistar la guerra civil que terminaría con ella.

Como vimos, en la pieza de Hamlet se hace presente la indecisión para generar un juicio, mientras que en la pieza de Julio César el juicio es inmediato y de allí parten las consecuencias que generan los nudos de las obras. Es importante considerar en la conclusión de éste ensayo que para Arendt, el agente político es quien actúa y éste también es siempre alguien que juzga. Por tal motivo “el agente político es la unificación entre actor y espectador (Uta, 2009:320) entre la contemplación y la praxis, entre la teoría y la política. El juicio es el sincretismo de tales nociones ya que la capacidad de juicio, desde la contemplación y la teoría, tiene también un lado práctico, dirige y activa la acción, pero también habita en su interior. Así, se vuelve fundamental generar juicios certeros que no sean llevados a cabo antes del tiempo oportuno y sin tener conocimiento -como en Julio Cesar-, y juicios claros que no tengan reglas opuestas, disímiles y contradictorias -como en Hamlet-. De ahí el peligro del prejuicio que logra confundir con “política aquello que acabaría con la política” (Arendt, 2018:9). Se debe considerar al tiempo presente como conflictivo, como un preso entre el pasado y el futuro en el cual, la búsqueda de realizar juicios y acciones justas con sus respectivas consecuencias se vuelven un asunto político, se vuelven un asunto de la acción política.


Referencias bibliográficas

Arendt, H. (2018). ¿Qué es la política?; Introducción a la política. En "¿Qué es la política? Comprensión y política". México: PRD. Ver en PDF.

Cicerón, M.T. (1992). Sobre la república. Tecnos, Madrid. Libros II.

Hegel, G.W.F. (2004). Principios de la filosofía del derecho. [Introducción §1, 2, 3; Tercera parte, II: La sociedad civil §182, 183, 187, 188, 189, 198, 243, 244, 245, 246, 256; III: El Estado §257, 258, 259, 260, 279, 299, 323, 324] (C. Balzi, Trad.). Buenos Aires: Sudamericana.

Shakespeare, W. (1983). Julio César. Planeta, Barcelona.

Shakespeare, W. (2007). Hamlet. 1º ed. 1º reimp. Colihue Clásica, Buenos Aires.

Uta R. (2009). La facultad del juzgar político según Hannah Arendt. En "Círculo Latinoamericano de fenomenología". Acta Volumen III. pp.309-323. Traducción de Julio César Vargas. Ver en PDF.