Comprender desde el pasado, ir hacia atrás, hacer memoria, buscar la verdad o al menos algo de ella. Juzgar lo que se hizo; juzgar aquello que se dice, de lo que se hizo. Objetivos diversos, fuerzas disímiles, actores y roles torcidos. Algo que decir para no olvidar…

Isabelita, López Rega y Perón. Por Paola Siciliano

3 de octubre de 2023


La dictadura militar de 1976 es un hecho sumamente significativo para nuestra historia volviéndose así un período bisagra. Pero, existe una etapa previa poco mencionada y meramente transicional de la que se rescata la vuelta de Perón, su muerte, la asunción de Isabel y el Golpe de Estado del cuál sí se profundiza bastante.

Considero los años de 1973 a 1976 como un período fundamental donde el comportamiento de los actores se vuelve intenso e interesante para comprender el desarrollo posterior de nuestra historia.

Me permito, por medio de ésta exposición acotada, iluminar y hacer foco principalmente dentro de éste período tan corto y tan rico en información y sucesos, el aspecto social y político que tienen como centro a las organizaciones armadas revolucionarias denominadas guerrillas.

Este tema irá de la mano con conflictos y tensiones que se irán desarrollando entre los diferentes actores que hacen al período del tercer gobierno peronista característico de violencia y represión.

Para el fin establecido se consideraron la bibliografía de manera jerarquizada de los textos de Pilar Calveiro (2005), Doctora en Ciencia Política, con su atención en las guerrillas de los años `70; el texto de Liliana De Riz (2000), Doctora en sociología e investigadora del CONICET, con su desarrollo político exhaustivo y completo; y finalmente el texto de Marina Franco (2012), Doctora en Historia y también investigadora del CONICET con su atención en el actor de los organismos paraestatales y en la Fuerzas Armadas. Todas ellas mujeres y argentinas.

Es necesario iniciar con el contexto que impulsó a la conformación de las organizaciones armadas revolucionarias. Los años 60 se caracterizaron mundialmente por una serie de acontecimientos que demostraron la fuerte esperanza de un cambio social proclive a alcanzarlo por medio de la utilización de las armas. El clima de guerra fría demuestra la tensión existente entre dos polos ideológicos y políticos que se extienden por fuera de los países centrales.

El golpe de Estado de 1966 denominado “Revolución Argentina” y su apropiación de la Doctrina de Seguridad Nacional, la concepción de enemigo interno, la frontera ideológica y el objetivo de despolitización es un gran ejemplo de la búsqueda de limitar la expansión de las ideas comunistas y socialistas impulsadas por hechos como la Revolución cubana, la Guerra de Vietnam, el Mayo Francés o el Movimiento de Sacerdotes para el tercer mundo.

La juventud es quien comienza a imponerse como un actor opositor al tipo de orden que se buscaba establecer convirtiéndose en un grupo potencialmente "peligroso" y proclive a ser reprimido; la noche de los bastones largos da cuenta de ello. A su vez, la CGT se divide creando un grupo denominado “combativo” también opositor al régimen militar.

Estos dos actores, los jóvenes y el sindicalismo, fueron imprescindibles para la permanencia del peronismo sin Perón, en los 18 años de proscripción que se convirtieron en 18 años de lucha. De Riz afirma que “a lo largo de dieciocho años, el país se había transformado y el peronismo había sobrevivido, él mismo transformándose” (p. 123).

Así, la relectura del peronismo como una forma política del movimiento de liberación nacional se hace presente principalmente en los jóvenes que no habían vivido el peronismo y que, a su vez, toman a la figura de Perón, exiliado, como un líder revolucionario.

Estos crecieron en un tiempo donde lo militar era puesto por sobre lo político, siendo ésta última vía considerada ineficaz para acabar con la injusticia y las desigualdades sociales y donde la inestabilidad política era moneda corriente tras los golpes y las semidemocracias. Calveiro (p. 126) afirma que la política se convierte en una cuestión de fuerza permitiendo su radicalización y el aumento de la violencia.

La entrada de Fidel Castro a La Habana. La captura original es del 24 de enero de 1959, Cuba.

La gestación de la nueva resistencia de forma clandestina, debido al contexto antidemocrático y el contexto mundial de conformación de movimientos armados, dieron pie para que en Argentina se crearan entre 1968 y 1970 agrupaciones guerrilleras. Calveiro hace una clara distinción entre dos grupos que se diferencian por la concepción del peronismo y del socialismo aunque ambos con la aspiración de una revolución social.


Los levantamientos en las diferentes provincias dan cuenta del aumento del descontento y de la manifestación social y popular. El Cordobazo, rebelión de obreros y estudiantes, será el hito que en 1969 dará comienzo a la década intensa de los años 70, donde la sociedad argentina recupera la calle perdiendo el miedo a la dictadura.


En este sentido la organización denominada ERP, se caracterizaba por: la desconfianza que le despertaba el retorno de la democracia -la cual serviría para debilitar las organizaciones armadas e impedir la revolución-, su aspecto no partidario, y la no ingenua interpretación de la figura de Perón como revolucionario.

Por otro lado, la autora hace una breve descripción de los agrupamientos guerrilleros afines al peronismo que finalizan su unificación en 1974 todos bajo el nombre de Montoneros, destacando sus ideas y prácticas semejantes principalmente: su identificación como parte del Movimiento Peronista.

El reconocimiento de Perón a los Montoneros como “formaciones especiales” le permitieron su inclusión “oficial” en el peronismo. Su visible presencia de éstos agrupamientos en accionares armados y grandes manifestaciones durante la proscripción, le adjudicaron una pertenencia real en el peronismo que se hacía cada vez más contradictorio. La autora De Riz advierte que Perón no midió las consecuencias de estimular a la guerrilla como instrumento indispensable en su operación política para regresar al poder. Por eso, no vaciló en utilizarlos y animar las acciones de los guerrilleros frente al sistema político de facto (p. 108).

El retorno de Perón, como necesario para la disminución de la conflictividad social, y como estrategia de gobierno militar para su “desmitificación” -ya que la figura de Perón se estaba convirtiendo en un mito revolucionario- impulsó a las grandes movilizaciones populares influenciadas por los Montoneros y por la Juventud Peronista -por el momento separadas- que ocuparon un rol útil e importante para la conformación del movimiento peronista, que no se había institucionalizado como estrategia política del propio Perón.


La dificultad para definir el peronismo, abre paso a la conflictividad entre los “leales” y los “traidores” entre la “derecha” y la “izquierda” la cual estalla en el retorno de Perón en junio de 1973 en la denominada Masacre de Ezeiza. Así, se da inicio a una serie de discursos y decisiones políticas que comenzarán a limitar y excluir a la “Tendencia” -revolucionaria claro está- del peronismo.


Con éstos antecedentes, el peronismo abarcaba grandes contradicciones que posteriormente estallarían entre, en palabras de Franco (p.59) la “violencia de izquierda” refiriendo a las organizaciones armadas revolucionarias y la “violencia de derecha” refiriendo a los accionares represivos por parte del sindicalismo ortodoxo y la extrema derecha peronista, además de la aparición posterior de las organizaciones paraestatales.

Guerrilla y manifestaciones por el retorno de Perón en 1973. Imagen extraída de educ.ar: manifestaciones políticas 1960/1970 .

El problema es propio, según De Riz, del pasaje de ser una fuerza de oposición a una fuerza de gobierno debido al gran poder social que se había acumulado por fuera de las instituciones representativas durante la proscripción de los partidos políticos en la dictadura de Onganía y el intento de recuperarlo por parte del líder peronista (p. 130).

Comienza a sostenerse por el mismo Perón, la concepción de infiltrados -éstos como enemigos de la nación-, la definición del peronismo como las 20 verdades, y la figura del sindicalismo como eje central del mismo. Las políticas consecuentes -Pacto social, intervención de los sindicatos, las universidades, las provincias, la reforma del código penal, y la clausura de ciertas revistas- despiertan la perspectiva de “retroceso táctico del jefe”, y la denominada “teoría del cerco” -la cual ubicaba al supuesto líder socialista en un entorno que lo vuelve inevitablemente conservador- que se sostendrá por parte de los Montoneros y la JP como justificación de los accionares antirrevolucionarios de Perón. Por su parte, el ERP define su clara separación con el peronismo afirmando que el gobierno no efectivizaría la liberación nacional y social y continuando con sus accionares armados.

En un discurso, Perón incita a los sindicalistas a que debe ser obligación de éstos evitar que los jóvenes tomen un camino equivocado entendiendo la posibilidad de adjudicar límites, control y castigos a tales grupos.

Posterior a la renuncia de Cámpora y la asunción de Perón a la presidencia con Isabel de vice -siendo también ésta elección una estrategia para eludir el conflicto de suceción del poder por la hetorogenidad misma del peronismo-, el asesinato de Rucci, dirigente sindical ortodoxo cercano a Perón, por parte de los Montoneros, quienes lo catalogaron de traidor, sumado a la movilización del 1° de Mayo de 1974, provocó el fin de la busqueda de toda inclusión y reconocimiento de las organizaciones armadas peronistas y el aumento de la necesidad de su eliminación desde el gobierno tras el acercamiento a las FFAA.

Ante la muerte del líder peronista, y la asunción de Isabel con su claro entorno de derecha y la figura política preponderante de López Rega como Ministro de Bienestar Social y creador de la Triple A, se abre paso a un consecuente aumento de la violencia y la pérdida del ideal pasado de reconciliación ubicando a los sectores moderados como espectadores del escenario violento.

Los Montoneros tras asumir el carácter no peronista ni popular del gobierno de Isabel -gracias al agravamiento de la represión-, se auto-clandestinizaron apuntando su accionar hacia la ya conformada Triple A y hacia las fuerzas policiales, generando una cohesión de las fuerzas armadas y la policía con el objetivo común de la aniquilación de las guerrillas. Tras el asesinato de un miembro importante de la Triple A, el gobierno declara el Estado de Sitio.

Considerando a Franco, ésta sostiene el importante rol que tuvo el Estado como creador de un respaldo legal para aumentar la represión hacia los grupos no deseados. Así, en 1974 la Ley de Seguridad y la declaración del Estado de sitio son prueba de ello.

Teniendo como año de gran incremento del accionar antisubversivo el 1975, fueron varios los acontecimientos que encajan con dicho fin. Así, la distinción hecha por un fallo gubernamental entre los detenidos criminales comunes y los detenidos por el Estado de Sitio estableciendo a éstos como los más peligrosos por ir en contra de la "democracia"; la formalización del accionar armado de las Fuerzas Armadas durante el gobierno de Isabel y de Luder con los diferentes decretos como el que impulsó el “operativo independencia” para eliminar el foco de guerrilla rural impulsada por el ERP en Tucumán; la conformación de los primeros centros clandestinos y la rutinización de la metodología represiva de las fuerzas armadas estableciendo los diferentes tipos de acciones, la represiva, la cívica, y la psicológica para la tarea antisubversiva; y la definición de la acción conjunta de todas las fuerzas de seguridad, iniciaron el establecimiento de las Fuerzas Armadas como un actor fundamental que comenzó a ejercer presión sobre el gobierno titulado como democrático.

Los Montoneros, que habían nacido como resistencia al poder militar y ahora estaban aspirando a parecerse y disputarle el lugar de poder a las Fuerzas Armadas, conformaron el Ejército Montonero que generó un proceso de debilitamiento interno, rompiendo los lazos de compañerismo y creando lazos de autoridad.

Tras el Golpe de Estado de 1976 considerado inevitable, las organizaciones armadas estaban debilitadas, generando la eliminación del ERP en 1977 y una multiplicación del accionar de Montoneros a pesar de las muchas pérdidas de sus militantes desaparecidos y asesinados. Su objetivo, salvar un porcentaje mínimo de las guerrillas para su posterior regeneración. Objetivo socavado durante la dictadura.


Síntesis

Las organizaciones armadas, aunque diversas, se conformaron en vistas de mantener aquello que estaba proscrito por un lado y, de buscar la revolución socialista por medio del único medio que creían eficiente tanto el ERP como los Montoneros.

El peronismo sin Perón se tornó cada vez más polarizado, y aunque durante la dictadura el ala izquierda y sus levantamientos resultaban necesarios para su preservación al momento del regreso, tras el frustrado intento de Perón de "calmar las aguas" rápidamente le dio la espalda y desconoció a aquellos que lo habían mantenido vivo, aunque sea en forma de mito revolucionario.

Ante su muerte, el giro completo hacia la derecha se consolidó con Isabel, Lopez Rega y el retorno del poder militar tanto como figura estatal como paraestatales.

Las ideas de la Doctrina de Seguridad Nacional justificaron las medidas estatales que atentaban con la vida de la misma población a la que el Estado debería garantizar seguridad bajo la noción de "enemigo interno".

La dictadura de 1976 a 1983 inicia con anterioridad, desde la ilegalidad del Golpe de 1966, la imposición del miedo, y la prohibición de una fuerza política mayoritaria. Y desde 1974 con el inicio de un plan premeditado y sistemático para acabar de forma violenta y desde el Estado con toda expresión política contraria a los objetivos económicos y sociales que tenían.

La guerrilla como tal, estaba debilitada y en un proceso de desintegración cuando sucedió el Golpe de Estado; incluso el ERP llegó a su fin en 1977, por lo que resulta irrelevante la concepción de la "guerra" para comprender el período posterior de genocidio y para justificar las torturas, desapariciones y muertes por parte del Estado a, principalmente, estudiantes y trabajadores como también artistas e intelectuales que no tenían vínculo con las organizaciones armadas aquí tratadas. Es el Estado quien debía garantizar el proceso judicial para juzgar.

Como cierre, lo que me interesa recalcar es lo afirmado por la autora Franco : la violación de los derechos humanos, propia de la última dictadura militar, se inició con anterioridad y desde el Estado haciendo así posible la “destrucción del Estado de derecho en nombre de la erradicación de la subversión" (p. 164).


El regreso a las consignas

-La Memoria es lo que nos permite no olvidar-

¿Qué significa negar el genocidio? Hoy las guerrillas no están pero el Estado sí. Y si no tenemos memoria ni juzgamos su accionar ilegal e inmoral del pasado entonces ¿lo aceptamos?

-La Justicia es lo que nos permite rechazar-

Y si lo aceptamos sin ningún rechazo ni juzgamiento entonces cuando aparezcan otros "subversivos" ¿vamos a repetir lo sucedido?

-La Verdad es lo que nos permite avanzar-

Por ella se lucha, desde las Abuelas y Madres hasta los organismos internacionales. Que se sepa cada desaparición, cada robo de bebés continúa siendo hoy una batalla política y social. Lo que se intenta negar, busca poner a quien denuncia en el lado de la mentira y lograr desintegrar cada lucha conquistada, incluso, la del pacto demogrático que hicimos, el de Nunca Más.


Referencias

DE RIZ, Liliana (2000). La política en suspenso 1966/1976. Buenos Aires, Paidós, Cap- II, desde pp. 108-126 y Cap. III, pp..127-181.

CALVEIRO, Pilar (2005). Política y/o violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años 70. Buenos Aires, Grupo Editorial Norma, 2005, pp. 97-142

FRANCO, Marina (2012). Un enemigo para la nación. Orden interno, violencia y “subversión”, 1973-1976. Buenos Aires, FCE, Primera Parte, pp.59-63 y 129--167.


Paola Siciliano

Amante de mi país y de Latinoamérica. Me encanta ver el mundo desde la pregunta; pretendo desarrollar ese lente siendo estudiante, hoy de sociología, mañana no sé. Soy de las personas que no puede callar cuando ve una injusticia y aunque parte de mundana no pretendo amoldarme al mundo sino ser transformada mediante la renovación de mi mente (sólo para entendidxs).